Lenín Moreno: presidente de todos y líder de la causa popular y progresista



Las ecuatorianas y ecuatorianos vivimos, el miércoles pasado, una jornada cívica y democrática cargada de emociones. Toda América Latina posó sus ojos en lo que ocurría en el Pleno de la Asamblea Nacional del Ecuador. Son pocos los países que pueden darse el lujo de vivir un traspaso de mando con una tan fina sintonía entre dos grandes líderes; son pocos los procesos que alcanzan la madurez política necesaria para proponer a la sociedad y llevar adelante un relevo tan armónico y estratégico dentro de un mismo proyecto de cambio popular y progresista.

Fue, sin duda, una jornada histórica para el país y la región. Lloramos, reímos, celebramos con alegría y soltamos un montón de sentimientos guardados. Fue una jornada intensa, por su significado profundo, de ratificación de un rumbo histórico de dimensiones continentales, ese que no quieren percibir quienes no han asumido su derrota y pretenden condicionar al nuevo gobierno. Tan intensa la jornada -y las jornadas previas- que a nosotros nos pudo dar gripe, fiebre y hasta neumonía… Pero al neoliberalismo le dio soroche; y si no, pregúntenles a nuestros hermanos argentinos, cuyo presidente-emblema de la restauración conservadora sufrió el mal de altura, dicen ellos, con humor, que de sólo asistir a la posesión de un presidente de nombre Lenín.

Junto con la emotiva despedida al compañero presidente Rafael Correa, el momento más esperado era la posesión de nuestro nuevo presidente, el compañero Lenín Moreno, y su mensaje.

En sus palabras, Lenín Moreno recordó las convicciones, valores y principios que lo acompañaron durante toda su vida como servidor público; convicciones, valores y principios que todo el Ecuador conoció cuando lo tuvo como vicepresidente acompañando y apuntalando los inicios de la Revolución Ciudadana.

Y son palabras con un gran eco continental, porque aquí, como en todos nuestros países hermanos, la discusión de fondo es la misma, la alternativa de hierro que ninguna buena voluntad puede anular es si se gobierna para el pueblo o se gobierna para las minorías privilegiadas. La disyuntiva de hierro, de la que no podemos escapar, sigue siendo: democracia o corporaciones.

Lenín Moreno habló de diálogo y corresponsabilidad, como un llamado a recuperar la dimensión del protagonismo colectivo. Se dirigió a todos y cada uno de los sectores de la economía y la sociedad. Ratificó, en sus palabras y en su convocatoria, los nexos históricos de la Revolución Ciudadana con los pueblos y nacionalidades del Ecuador, lo que se reforzó el día de ayer en Cochasquí, con la ceremonia de entrega del Bastón Sagrado Espiritual de los pueblos indígenas al nuevo Presidente. Convocó al sector productivo a ese gran diálogo nacional y a esa corresponsabilidad para el nuevo periodo. Manifestó su compromiso de librar una batalla sin cuartel a la corrupción, a “la de ahora, la de ayer y la que podría venir, la de adentro y la de afuera”. Hizo un llamado a dejar atrás preconceptos y dogmatismos, con el bien común del Ecuador como la ideología que debe presidir nuestros actos y compromisos. Sus palabras deben entenderse como un llamado a ser creativos y abiertos, a no caer en la modorra ni en la inercia, y a no sucumbir a la dimensión más superficial y estéril de la retórica ideológica, al consignismo repetitivo y a veces hueco: la ideología debe construirse y manifestarse en la práctica.

“Un mensaje conciliador”, destaca la prensa, y efectivamente lo fue. Es el mensaje de un Presidente que llegó con la mano tendida a proponer una renovación. Pero no cualquier renovación. Que no se equivoquen quienes quieren forzar las lecturas y crear contradicciones donde no las hay. La propuesta que Lenín Moreno trae al país es una renovación con un rumbo claro, preciso, que tiene una historia detrás y que nace de su compromiso con el proyecto político de la Revolución Ciudadana.

Se engañan quienes, con todo el aparato mediático y el poder económico a su favor, fueron derrotados en las urnas y hoy buscan plegar la realidad a sus deseos. Se engañan quienes, por cambio de formas y estilos, pretenden abrir grietas y descubrir contradicciones de fondo o debilidades de un proyecto político donde éstas no existen. La posibilidad de un cambio dentro de un proyecto político es signo de fortaleza, no de debilidad.

El gobierno de Lenín Moreno anuncia un rumbo claro hacia la equidad y la justicia social; es el resultado de una contienda victoriosa y no de una capitulación. El gobierno de Lenín Moreno es un gobierno que nace fuerte y seguirá fuerte, robusto, con un amplísimo apoyo ciudadano, con una sólida mayoría legislativa progresista y con un gabinete ministerial que es expresión de renovación y amplitud de miras.

Todas y todos estamos llamados a aportar en la nueva etapa de construcción colectiva del Ecuador que queremos. Desde la Asamblea Nacional, seremos los primeros en apuntalar el éxito del nuevo gobierno. Y en lo que toca a mi responsabilidad al frente del Movimiento Alianza PAIS, prometo trabajar incansablemente para respaldar el proyecto político con un espacio militante también renovado, dinámico, consciente y movilizado.